domingo, 15 de agosto de 2010

Virginia Woolf: Orlando


Esta edición de Orlando, de Edhasa, es un traducción excelente- no esperaríamos menos- de Jorge Luis Borges, en francés hay una versión de Marguerite Yourcenar. Si bien la tapa tiene una ilustración pobre, una ficha de ajedrez de reina con su doble rey, metáfora un poco barata de la dualidad feminina-masculina, las tapas duras, el papel amarillo claro y un formato por lo demás discreto y elegante, hacen, inevitable elegir esta edición de la novela.

Orlando es un nombre que tiene dos antecedentes, Orlando innamorato, de Matteo Maria Boiardo, que dejó inconcluso en 1486 cuyo motivo explicita en el poema, porque Francia invade Italia, y Orlando furioso, de Ludovico Ariosto, que es una continuación del poema, publicada en 1516. La princesa Angélica se ofrece al ganador de un torneo abierto a Cristianos y paganos, de caballería. Orlando es un caballero que sufre la desventuras de haber bebido de la fuente del odio haciendo que odie a Angélica y Agélica bebe del manantial del amor, enamorándose de Orlando. Curiosamente en los poemas los protagonistas se trasladan con libertad por los países, Escocia o Japón son indistintos, paralelamente se repite en la novela.

Sobre ese caballero Virginia traza su protagonista, contemporáneo de los poetas italianos. Orlando sencillo y adolescente, es noble invitado de Elizabeth I, los patinajes sobre hielo en el Támesis, evocan ese tiempo medieval enfriado por la pequeña edad de hielo de 1500-1850, que luego llegaría al mínimo de maunder mas adelante en 1650. Las carpas sobre el río congelado, la multitud sobre el hielo, hacen completamente blanco el amor con Sasha, enviada de la embajada rusa, que vuelve a Orlando un amante eléctrico, y una apasionado dispuesto al escape.



Mas adelante, Orlando para quien el tiempo es libre, es enviado embajador en Constantinopla y en un sopor lírico se descubre mujer, en una madrugada de revueltas y fuego. En un tiempo el sol, los arbustos, las carpas, las gitanas, las cabras y la canciones al fuego se apoderan de la que ahora escapa de Bizancio. La atmósfera pesada, onírica vuelve como la niebla, a Inglaterra y en un mismo tiempo tiene por esposo a un Capitán que Navega por los mares tormentosos de sudamérica, y un círculo literario con las luces del siglo XVIII. Mas adelante la casa de los ancestros se habita, redecora, vuelve el recuerdo de sus poemas del siglo diciseís y en el vapor del tiempo, un día hay locomotoras y estaciones de trenes muy mil novecientos veinte.

Yo no se entender todo lo que Virginia escribe, se que Vita Sackville-west, su amante es la supuesta dedicada de Orlando, pero tambien que la facilidad con que el tiempo y los cambios se dan, sin discontinuos, ni abruptos, alargan un sentimiento que cambia, como Orlando por los siglos, a medida que uno lee y es quizás esa capacidad evocativa lo que hace a Orlando entre los libros.

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